¿Nadie podría sentir lo que yo siento?

FRANCISCO LAPUERTA

Vamos a jugar un poco más con los trasplantes neuronales. Si aceptamos el principio fisicalista de que cualquier estado mental no es más que el producto de un circuito neuronal, en el caso de que determinado circuito de un individuo fuera implantado en todos sus detalles en el cerebro de otro, este último experimentaría exactamente ese mismo estado mental. ¿O no? Supongamos que el estado mental es una sensación de dolor que usted siente en el estómago. Usted cree, por descontado, que la sensación de dolor es suya y nada más que suya. Sin embargo, una máquina de avanzada tecnología reproduce ese mismo circuito en otra persona y al instante oímos cómo se queja: “¡Me duele el estómago!”. Esa persona, por cierto, tiene el estómago perfectamente sano, pero sabemos que el dolor es una experiencia que registra el cerebro, así que no es esta la cuestión. El problema es:  ¿cómo otra persona podría tener exactamente la sensación que tiene usted? ¿No es un imposible? Lo que experimenta usted, por el hecho de que lo experimenta usted, no lo experimenta otro; y a la inversa, si lo experimenta otro, no lo experimenta usted. Tanto da que el fenómeno físico de la circuitería sea idéntico, pues el propietario no lo es. Vayamos entonces al grano: el hecho de que los estados mentales tengan un propietario parece una refutación del fisicalismo. ¿Es así?

Es indudable que todos vivimos con la convicción de que los dolores, como cualquier sensación, emoción o recuerdo, son privados. Los objetos físicos, sin embargo, no lo son. Mi reloj, por ejemplo, puede ser tuyo si te lo regalo. Mi corazón puede ser tuyo en el caso de que fallezca y me convierta en tu donante. Un reloj o un corazón pueden también no tener propietario. Los estados psíquicos, por el contrario, parecen ser siempre estados psíquicos de alguien; están ligados a un sujeto particular. No puede haber dolor o placer sin nadie que lo sienta. Se desprende de ello que un estado psíquico es algo más que un estado físico: los estados psíquicos son necesariamente privados y están ligados al sujeto que los experimenta, mientras que los físicos son intercambiables y no están ligados de manera necesaria a un sujeto, pues pueden perfectamente ser olvidados en el cajón de la cómoda sin que nadie los experimente. Por tanto, aunque los estados psíquicos son producidos por los físicos, no se pueden reducir a ellos.

Pues no está tan claro. Podría decirse, para empezar, que los estados psíquicos no son hechos o fenómenos que suceden en el mundo. No hay dolor, ni picor de piel, ni placer, ni emoción, ni recuerdo, en el mismo sentido que en la realidad no existe el fantástico caballo blanco que imaginamos. Todo eso que llamamos lo psíquico, es irreal. Ni siquiera sería correcto decir que son cosas que suceden en el interior de nuestra cabeza. Lo que sucede en el interior de nuestra cabeza es circuitería neuronal, no recuerdos ni sensaciones de picor o de frío. Esta es la respuesta del eliminativismo. No se trata de negar que los seres humanos tengamos sensaciones de dolor o pensamientos, sino de negar que tales cosas sean fenómenos reales con los que tengamos que contar para conocer y describir el mundo.

Menos radical, y mucho más interesante, es otra respuesta:  quizá los estados mentales son fenómenos reales, objetivos… y no necesariamente pertenecientes a un único sujeto. Pongamos unos cuantos ejemplos estrafalarios. Primero: a dos hermanos siameses unidos por la cadera les pica una abeja en la rodilla izquierda; ¿sienten el mismo dolor? Hay dos cerebros, luego, aunque se parezcan mucho, son dos dolores numéricamente diferentes. Segundo: a dos hermanos siameses que comparten el cerebro pero no el resto del cuerpo, les pican dos abejas al mismo tiempo, una a cada uno en su rodilla izquierda; ¿sienten el mismo dolor? Al haber un solo cerebro, podría decirse que se trata de un solo sujeto con dos cuerpos, por lo que sus respectivas picaduras convergen, por así decirlo, en el episodio doloroso de una única experiencia subjetiva. En el primer ejemplo, la experiencia mental, pese a tener una misma causa, no es compartida: es una causa física y dos efectos psíquicos. En el segundo ejemplo, pese a haber dos causas físicas, hay un único efecto psíquico. En ambos casos el estado mental es privado, pero ¿pertenece a un único sujeto?

Vamos ahora con un tercer ejemplo: usted está en una habitación viendo la tele, pero en la habitación de al lado hay una réplica exacta de usted viendo el mismo programa de televisión. Su doble es idéntico a usted en todas sus moléculas, sus cerebros son exactos. Las sensaciones visuales que entran por su retina y las que entran por la retina de su doble son las mismas, y también los recuerdos, las emociones o la sensación de bienestar profundo que siente al encontrarse viendo la televisión. ¿Hay en este caso una sola experiencia mental, o son dos? Si cree que es una sola experiencia, suponga que de repente una de las dos televisiones (la suya, por ejemplo) se estropea mientras la otra (la de su doble) sigue funcionando: ¿usted lo notaría? Si por el contrario cree que son dos experiencias diferentes a pesar de tener el mismo contenido, suponga entonces que la experiencia de su doble continúa siendo idéntica de por vida, pues todo cuanto sucede en el entorno de su doble es también idéntico: en este caso, ¿no sería el mundo de su doble algo tan desprovisto de conciencia psíquica como el mero reflejo de su imagen en un espejo? A lo mejor lo cree así porque está demasiado convencido de que la experiencia mental es privada y necesita un sujeto único, un propietario exclusivo. Pero el caso es que el doble del ejemplo es tan real como usted, no es un reflejo.

Es posible que tantas preguntas extraídas de ejemplos contraintuitivos hayan acabado sacándolo de quicio. Pero no va por ahí mi objetivo. Lo que pretendo es poner en duda que el dolor, la emoción, el recuerdo, los contenidos mentales en suma, sean realmente privados y pertenezcan por necesidad a un sujeto en exclusiva. Créame, no son ganas de marear a nadie, sino de intentar de nuevo salvar el fisicalismo.

Anuncios