Somos robots

FRANCISCO LAPUERTA

En una entrevista reciente le plantearon esta cuestión a Daniel Dennett: “Al hablar de robots, usted ha afirmado que pueden llegar a ser conscientes”. Su rápida e inesperada respuesta debió sorprender al entrevistador: “¡Yo soy un robot consciente y tú eres otro!”.

Somos robots. ¿En qué sentido se puede decir tal cosa? Los seres humanos somos cuerpos materiales compuestos por 15 billones de células, cada una de las cuales no tiene ni la menor idea de quiénes son ni de qué entramado forman parte. Las células están vivas, pero su grado de conciencia es nulo. Las células son, no obstante, seres complejos que hacen ciega pero eficazmente su labor guiadas por las instrucciones contenidas en sus núcleos en forma de ADN. Podría afirmarse que son microrrobots naturales no diseñados, surgidos del largo proceso de la selección natural, con una notable capacidad para reproducirse por división (mitosis) y realizar tareas coordinadas en esa totalidad operativa que es el cuerpo. ¿Y la mente? Exactamente lo mismo: ninguna neurona piensa por sí misma. Cada una de las células de nuestro cerebro trabaja sin saberlo para contribuir de manera cooperativa en la producción de una complicada circuitería electroquímica cuyo asombroso resultado es la sensibilidad, el pensamiento, el recuerdo, la emoción… la conciencia.

Usted y yo, seres plenamente conscientes, somos auténticos robots biológicos: entidades materiales ensambladas con diminutos componentes sin conciencia. Y ahora piense: si la naturaleza, que no es inteligente ni hace planes, ha logrado este ingenioso producto, ¿por qué la tecnología humana no va a poder lograr algo semejante en un futuro?

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